Entrevista a Vicenta Estellés Marqués, Instituto Secular Obreras de la Cruz

Enciende una luz para el encuentro con el amor: 

 

«La cultura del encuentro afianza mi vocación de seglar consagrada»
Vicenta Estellés Marquésdirectora General del Instituto Secular Obreras de la Cruz y presidenta de CEDIS. Nací el 21 de diciembre de 1947, en Carpesa, a cinco kilómetros de Valencia, y muy cerca de Moncada, donde mi Instituto inició su andadura. Mi familia nos educó en un ambiente religioso, y como la mayoría de chicos y chicas en ese momento, estaba implicada en actividades parroquiales, catequesis, Acción Católica, campañas del Domund, “teatro leído”,excursiones…  Y providencialmente aparecieron por la parroquia unas jóvenes consagradas, que iban de “seglar”, y que aportaron profundidad religiosa a lo que veníamos haciendo…Organizaban retiros, y nos invitaban a los Ejercicios Espirituales para jóvenes que organizaban en su casa de Moncada. Yo trabajaba en Valencia, y camino del despacho, providencialmente me encontré con una Obrera de la Cruz, me invitó a unos Ejercicios y acepté.Se abrieron para mí horizontes insospechados. Efectivamente, lo que marca un antes y un después en la vida del creyente, es reconocer en tu interior la voz de  Dios que sugiere un cambio de ruta, ponerte a disposición del proyecto que Él tiene pensado para ti. En aquellos Ejercicios, que dirigía el Fundador de las Obreras de la Cruz, Venerable Vicente Garrido Pastor, tuve la oportunidad de conversar con él y de escuchar de sus labios: «Tú tienes vocación». Sentí una inmensa alegría, una gran sensación de libertad. Tenía 20 años. Vino a confirmar algo que yo sentía y no sabía o no quería reconocer.Desde la formación y la experiencia compartida en el Instituto, fui comprendiendo el carisma de la secularidad consagrada, y poco a poco se afianzaba en mí la convicción de que éste era mi lugar. Pertenecer al Instituto Secular Obreras de la Cruz me ha permitido crecer humana y espiritualmente. Ha sido y es un regalo del Señor. 
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 ¿Qué te atrajo? En ese momento, yo desconocía lo que era un Instituto Secular, pero veía en las Obreras de la Cruz “algo” diferente que me atraía. ¿Su estilo y modo de estar entre la gente? ¿Su sencillez y acogida? ¿Su pasión por el apostolado? ¿Su libertad para dejarlo todo y entregar la vida a Dios? Y, sobre todo, su alegría. Después de conocerlas empecé a preguntarme, ¿por qué no yo? Fue como un aldabonazo, algo que irrumpía en mi vida y cambiaba mis planes. Se hicieron verdad en mí algo que los creyentes sabemos: los planes de Dios no son vuestros planes, nuestros caminos no son sus caminos. 
 ¿Cómo explicarías a una persona ajena al mundo religioso en qué consistela vida en un Instituto Secular?  
 Si nos preguntan, qué hacéis como consagradas seculares sería fácil la respuesta:lo mismo que cualquier seglar: ejercer la profesión, participar en la comunidadcristiana, cuidar las relaciones familiares y de amistad, comprometernos enacciones sociales, negociar los asuntos temporales, etc. Lo que aporta lasecularidad consagrada es el cómo y el para qué consagrarnos a Dios en medio delmundo. Por la secularidad que caracteriza nuestra vocación, acentuamos la relación con elmundo, sabiéndonos responsables para servirlo, humanizarlo desde la vidacotidiana, “santificarlo desde dentro”, desde los medios del mundo, desde nuestrostrabajos y proyectos. Sin necesidad de signos externos, imbuir de espírituevangélico las realidades temporales. «Es en lo íntimo de nuestros corazonesdonde el mundo es consagrado a Dios». Por el seguimiento de Jesús en pobreza, castidad y obediencia, se garantiza quenuestra vida es fecunda porque es expresión del amor y de la misión de Cristo. Laespiritualidad de la Encarnación será siempre punto de referencia para nuestromodo de estar en el mundo, sabiendo que «la salvación no se llevó a cabo encontraposición de la historia, sino dentro y a través de ella».El Instituto es el “humus” donde crece y se afianza la vocación, donde se compartenmisiones al servicio de los demás; pero sobre todo donde se comparte la fe y lavida. En un Instituto Secular se vive una particular fraternidad: desde ladiversidad de formas, de trabajos, de lugares, de realidades personales,experimentamos la verdadera comunión y una sana amistad, enraizada en lacaridad. Somos signo de la fraternidad evangélica, llamada a ser profecía de la“fraternidad universal”.
 Vocación de síntesis 
 La nuestra, es una «vocación de síntesis». Pablo VI expresó una convicción,que ha ayudado a concretar la característica principal de la secularidad consagrada: «Lo que ha inspirado el nacimiento y desarrollo de cada Instituto Secular ha sido el anhelo profundo de una síntesis: el deseo de afirmar simultáneamente dos características: la total consagración de la vida según los consejos evangélicos, y la plena responsabilidad de una presencia y de una acción transformadora desde dentro del mundo para perfeccionarlo y santificarlo.»1
Síntesis que se traduce en vivir la unidad fe-vida: evangelio-historia humana;entrega a Dios-entrega a los hermanos. Es un modo concreto de superar «el trágicodualismo entre la fe y la vida, la Iglesia y el mundo, Dios y el hombre».La aportación de los miembros de los Institutos Seculares, viviendo condeterminación la síntesis consagración-secularidad, ofrece un importante servicio ala nueva evangelización que hoy está pidiendo la Iglesia. Ante la sociedadpostmoderna, fragmentada por múltiples propuestas de sentido que favorecenidentidades frágiles y fraccionadas, desarraigadas de todo compromiso con lahistoria de la humanidad, las Institutos Seculares ofrecen, desde la vida cotidianael testimonio de una vida unificada: amar a Dios, es amar toda realidad humana; elamor a las realidades humanas es expresión de nuestro amor a Dios. 
 Si le decimos… Cultura del encuentro
 Personalmente, cuando escucho al Papa Francisco invitar insistentemente atoda la Iglesia a favorecer la «cultura del encuentro», se afianza mi vocación deseglar consagrada, y la necesidad de impulsar en la Iglesia este modo de seguir aJesús. Nuestro carisma nos sitúa entre la gente y con la gente. Los InstitutosSeculares nacimos para implicarnos en las realidades temporales quecompartimos, a través de trabajos y servicios, con personas ajenas al propioInstituto, creyentes o no. 
 Orar en el mundo y desde el mundo La oración cristiana nos remite siempre a la vida, al mundo y sus circunstancias.Los Institutos Seculares, somos invitados especialmente a orar desde lo quesomos: seglares consagrados.  Pero, ¿cómo orar en el mundo estando implicada en los problemas de la gente,desde mis compromisos profesionales o las exigencias de la vida cotidiana? ¿Cómotrabajar sin perder de vista que Tú eres mi Señor, el único y verdadero Dios?¿Cómo escucharte exclusivamente a Ti y entregarme gozosamente a tu Palabra enmedio del bullicio y del estrés de cada día?2. Buscaremos tiempos y espacios parala oración solas o en grupo, para compartir la liturgia de las Horas o meditarla enun rincón de la casa; pero el denominador común será siempre una “oraciónhabitada” por el Dios de la vida y por los hermanos y hermanas más necesitados. Los “reclamos” de la cultura actual no favorecen el silencio, la interioridadnecesaria para cuidar la relación con Dios, y esto supone un gran desafío. Pero, porotra parte, nos sorprende la sed de Dios y de trascendencia que, hoy, experimentanmuchos hombres y mujeres; una sed que se manifiesta de diferentes maneras.Caminar cerca de ellos, entre ellos y con ellos, nos permite anunciarles al Dios vivo,Señor de cielo y tierra. Con nuestra palabra y nuestras actitudes tenemos la
oportunidad de indicarles por dónde anda Dios en este mundo. Ésta es la tarea que la Iglesia nos encomienda de manera particular. 
 La vida consagrada, encuentro con el amor de Dios. 
 El encuentro con el amor de Dios es la experiencia que da sentido a cualquier forma de vida consagrada, a cualquier bautizado. A nosotros, los consagrados y consagradas, se nos pide ser profecía de cómo y dónde encontrarnos con Dios. Quizá el futuro de esta hermosa parcela de la Iglesia la vida consagradadependa de cómo lo mostramos en nuestras vidas, sobre todo a los hermanos y hermanas que tienen dificultad de encontrar a Dios.